A pesar de que existe la creencia comúnmente aceptada de que la edad media fue un largo periodo de estancamiento tecnológico lo cierto es que no fue así. El mundo medieval, especialmente a partir del siglo XIII fue más innovador de lo que se cree. No se trató en su mayor parte de inventos originales, pero si de una sorprendente capacidad de asimilación, adaptación y mejora. Durante la alta edad media Europa adoptó y mejoró una serie de innovaciones agrícolas que permitieron multiplicar la productividad. Se difundió el molino de agua, el arado pesado de vertedera, la rotación de cultivos, la herradura y el collar de tiro para caballos.

Estas mejoras agrícolas, especialmente las que optimizaron el uso del caballo (que sustituyó gradualmente al buey por ser más eficiente, aunque más caro) e incrementaron el uso del hierro en las herramientas, supusieron un notable aumento de la productividad y la prosperidad agrícola hacia el año 1000. Paralelamente, se expandió el uso de la energía hidráulica. Los molinos de agua, en origen usados solo para grano, se adaptaron para múltiples tareas manufactureras como el batanado de paños, la metalurgia o el serrado de madera. El molino de viento, originario de Persia, apareció en Europa a finales del siglo XI, pero fue mejorado incorporándole un eje horizontal, lo que hizo de esta tecnología algo mucho más eficiente, permitiendo que se aplicase a diferentes tareas.

Desde el siglo XI Europa no sólo se limitó a adaptar y mejorar inventos de otros. Pasó a desarrollar tecnologías propias como el telar vertical y la rueda de hilar. En el ámbito marítimo los europeos de esta época exhibieron una gran inventiva con una serie de mejoras como el timón de popa centrado, los portulanos, el cuadrante, la brújula o el astrolabio. Unos inventos los importaban, otros nacían de la experimentación, lo que daba lugar a inventos ajenos sustancialmente mejorados. Ese fue el caso de la pólvora, un invento chino que en su país natal sólo había servido para hacer fuegos artificiales, pero que en Europa dio lugar a las armas de fuego. En esta época nacieron también las esclusas para la navegación, el reloj mecánico, los barcos de vela oceánicos y la imprenta. Los primeros permitieron a los europeos explorar el mundo, la segunda hizo posible que las ideas se difundiesen a gran velocidad y bajo coste.

A mediados del siglo XIV los europeos sentían que estaban viviendo una auténtica revolución con nuevos ingenios que aparecían continuamente. Su originalidad residía en el singular interés que mostraron por la mecánica, visible en la fascinación que sentían por los complejos relojes mecánicos. Esta mentalidad mecánica precedió y preparó el terreno para la concepción mecanicista del mundo que traería la revolución científica del siglo XVII. Se produjo además, un cambio cultural importante. De la idea clásica de armonía con la naturaleza se pasó a un irrefrenable deseo de dominarla.

Esta pequeña revolución industrial tuvo su origen en Italia y desde allí se extendió por toda Europa. La difusión de estas tecnologías no dependió solo de los libros, sino también de la migración continua de artesanos y técnicos cualificados atraídos por mejores oportunidades laborales. La mera llegada de expertos no garantizaba el arraigo de la mentalidad innovadora, para ello era esencial un entorno cultural receptivo, tolerante y abierto, como el que encontraron en lugares como Inglaterra o los Países Bajos, donde los conocimientos importados no solo se aplicaron, sino que crecieron con aportes locales. Esta combinación de receptividad, inmigración cualificada y ambiente propicio ayuda a explicar por qué la Revolución Científica e Industrial surgieron en Europa occidental.

En El ContraSello:
0:00 Introducción
3:59 La pequeña revolución industrial
1:14:16 ¿Por qué Alemania no invadió Gran Bretaña en 1940?
1:23:12 El ascenso de Trujillo

Bibliografía:
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– “Historia de la Edad Media” de Indro Montanelli – https://amzn.to/4chku0V
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